Nuestras primeras impresiones de Big Walk: caos cooperativo para explorar un mundo abierto repleto de rompecabezas

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Nuestras primeras impresiones de Big Walk: caos cooperativo para explorar un mundo abierto repleto de rompecabezas

Una aventura multijugador sobre trabajo en equipo y caminatas. 

Big Walk empieza como deberían hacerlo todos los grandes juegos cooperativos: con unos cuantos amigos en la misma sala, toqueteándolo todo solo para ver qué pasa. Pude llevar a dos amigos del equipo de PS Blog a mi sesión de prueba de la nueva aventura cooperativa de House House, porque este no es solo un juego al que juegas con amigos. Es un juego que trata de lo que pasa cuando lo haces.

Nuestras primeras impresiones de Big Walk: caos cooperativo para explorar un mundo abierto repleto de rompecabezas

Empezamos en una sala de exposición diseñada específicamente para ayudarnos a hacernos con los controles de Big Walk. Corrimos, saltamos, nos agachamos, nos sentamos y, en general, nos lanzamos por ahí hasta que los movimientos se nos hicieron naturales.

El primer detalle que destacó fue el movimiento independiente de los brazos. Con R2 y L2 se levanta cada brazo de forma individual, y con R1 y L1 se apunta con ellos hacia adelante. Nos pareció instintivo y, aunque pueda sonar trivial, todo ese manoteo se convierte rápidamente en un lenguaje compartido. Saludar, levantar la mano y otros gestos erráticos empiezan a convertirse en un reflejo de una conversación en persona de lo más natural, de las que señalas y dices: «¡Mirad allí!».

De ahí pasamos a lo básico: agarrar y levantar objetos (y, lo que es más importante, agarrarnos los unos a los otros), pulsar botones, lanzar pelotas, hacer sonar campanas… Cuando ya tuvimos la sensación de controlar nuestras extremidades, salimos para dar ese prometido gran paseo.

Comienza el paseo

Al salir al aire libre, dos cosas quedaron claras de inmediato.

La primera: el exterior tiene un ciclo de día y noche. No tardamos en darnos cuenta de que necesitaríamos llevar con nosotros las fuentes de luz que hay por la zona para seguir explorando en condiciones cuando cayera la noche. 

La segunda: el chat de proximidad es el pegamento conversacional que mantiene unido al grupo. Si os alejáis demasiado, perderéis la conversación y, con ella, el momento compartido. El resultado es una ligera necesidad de mantenerse juntos. Se notaba una auténtica sensación de preocupación cada vez que uno del grupo se perdía entre los arbustos y nos dejaba atrás.

Más adelante, hubo momentos en los que separarse y organizarse era lo lógico, pero Big Walk busca ser una experiencia compartida más que un puñado de gente actuando en paralelo. Incluso cuando te separas brevemente, el juego te anima a mantener el contacto. Como es de suponer, tal cosa se convertirá en un reto en sí mismo una vez que dependáis de las herramientas y de lo que el mundo os ofrezca para seguir conectados. Durante nuestro paseo, encontramos telescopios para observar a otros jugadores mientras resolvían un rompecabezas a lo lejos, y bengalas que podían usarse para reunirse con compañeros perdidos, así que sin duda habrá otras opciones en la aventura final.

La curiosidad como guía

Ya que estábamos fuera, hicimos lo que los jugadores siempre hacen en un mundo nuevo: seguir nuestros instintos naturales hacia cualquier cosa que pareciera interesante. Y no nos equivocamos. La isla parece enorme, y unas cuantas estructuras coloridas destacan a lo lejos entre el paisaje natural. Van pidiendo que las investigues, así que allá que fuimos.

De hecho, los momentos entre un rompecabezas y el siguiente fueron tan deleitables como los rompecabezas en sí. Los ratos de teorizar y divagar son parte fundamental de la diversión. Cuando llegábamos a una estructura, la rodeábamos y la examinábamos desde todos los ángulos. Alguien señalaba un detalle. Otro probaba una interacción; pulsar un interruptor, tirar de una palanca, abrir una puerta… Después de un tira y afloja, se nos encendía la bombilla. Entendíamos qué se requería de nosotros, y el juego nos abría el camino para seguir avanzando.

Así que seguimos caminando. 

Venimos por el buen rollo

Big Walk nos dio exactamente lo que queríamos: un espacio en el que perdernos con los amigos. Nos ofreció momentos de alegría compartida con algo de exploración relajada, charlas amistosas, pequeños chutes de dopamina cuando el trabajo en equipo daba sus frutos, y un trasfondo de caos lúdico y travesuras. Nos cargamos nuestros propios planes. Los arreglamos juntos. La isla se convirtió en un patio de recreo.

El chat de proximidad y la expresividad física que ofrece el diseño de House House sientan las bases para la conexión, mientras que las reglas, la física y los objetos del mundo lo convierten en un sandbox perfecto para hacer el cabra y liarla.

Salimos del avance partiéndonos de risa al comentar nuestros momentos favoritos y con un chat de grupo lleno de planes para volver.

Reunid a vuestros amigos. De dos a doce jugadores podrán dar un gran paseo juntos en PS5 cuando el juego se publique en PlayStation Plus como juego mensual este mismo año.

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