Venom: Habrá matanza lleva los simbiontes a la gran pantalla este 15 de octubre

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Venom: Habrá matanza lleva los simbiontes a la gran pantalla este 15 de octubre

El director Andy Serkis nos guía a través del proceso de creación que hay tras unos personajes tan impresionantes.

Venom se hace notar. El personaje favorito de los fans de Spider-Man ya hizo una aparición sorpresa en el nuevo tráiler durante el PlayStation Showcase de este mes. Y el 15 de octubre regresa exclusivamente a la gran pantalla en Venom: Habrá matanza. Esta secuela del gran éxito en taquilla de 2018 estará llena de simbiontes, y en ella volveremos a ver a Tom Hardy como Eddie Brock (y le escucharemos poniendo voz a su otra mitad alienígena). Juntos, se enfrentarán a otro icono de los cómics, que por fin recibe una adaptación en el cine de acción real: Matanza, otro simbionte alienígena cuya contraparte humana, el asesino en serie Cletus Kasady, será interpretada por Woody Harrelson.

Al timón de este choque de titanes está Andy Serkis, quien ya está acostumbrado a dar vida a personajes digitales aclamados por la crítica: le hemos visto interpretando a Gollum de El señor de los anillos de manera magistral y aportándole emoción a César en El planeta de los simios. Su productora, The Imaginarium, está especializada en la captura de gestos y movimiento para películas, televisión y videojuegos. Además del propio Hardy, puede que el único capaz de cimentar y perfeccionar la apariencia de Venom en acción real sea Serkis. Y justamente de eso hablamos cuando le entrevisté (virtualmente) para comentar la secuela de la película.

La película original te proporcionó un modelo de Venom del que partir. ¿Cómo has enfocado el personaje en términos de diseño y movimiento para la secuela?

Desde que entré en el proyecto, siempre quise establecer un vocabulario físico completamente diferente para Venom y Matanza. En realidad, Venom es como si mezclaras a un jugador de fútbol americano con un gorila de casi 200 kilos y una ballena asesina. Su forma de atacar y de moverse es más directa. Las personas que estén más atentas notarán que ahora está mucho más integrado con el entorno. Tiene peso. Se ve el movimiento de los músculos principales y los secundarios. Todo esto desempeña un papel muy importante cuando está escalando edificios. Ves el daño que deja tras de sí, o al menos sus huellas. El espectador se hace mucho mejor a la idea de todo lo que pesa.

¿Y Matanza?

Con él queríamos hacer lo opuesto: hacer que sus movimientos fueran más excéntricos, que no se parecieran tanto a los de un bípedo. Es un reflejo de la forma retorcida, psicótica y única que tiene Kasady de pensar y sentir. Porque eso es [lo que hacen los simbiontes]. Reflejan la naturaleza interior de su anfitrión.

Durante la fase de preparación, grabamos el movimiento de artistas del parkour y bailarines con técnicas de captura de movimientos, Buscábamos distintas formas de mover el cuerpo: caminar de lado, balancearse… Como esa especie de movimiento inicial de los tentáculos para que se muevan como látigos tras él, para luego añadir la animación a ese movimiento que habíamos creado. La idea era que se pareciera mucho más a un calamar o a un pulpo escurridizo. Usa los tentáculos para moverse, tirar y empujar, y también los puede convertir en armas.

En resumen, es un oponente formidable y muy diferente. No son simplemente dos luchadores de sumo intercambiando tortazos. Es un luchador de sumo contra un pulpo escurridizo.

Tanto Tom como Woody ponen voz a Venom y Matanza. ¿Usasteis alguna tecnología para modular la voz? ¿Qué consejos les dabas para canalizar lo mejor posible a sus otras mitades?

El proceso de Tom para crear a Venom se basa en la radio. Antes de cada escena, grabábamos la voz de Venom. Nos íbamos a una esquina del estudio y él simplemente hacía un montón de tomas para cada línea, y luego seleccionábamos una de las versiones. Después, el operador de sonido enviaba la línea directamente al oído de Tom. De esta forma, Tom podía escuchar la escena completa. Y como Venom es una voz interna durante gran parte de la película, Tom tenía mucho margen para improvisar y superponerse a él.

Por otro lado, Woody prefería escuchar a Matanza a través de altavoces, porque es un personaje más grande. Era más alto y quería sentirlo como algo externo, no como una voz en su cabeza. Pero a nosotros nos interesaba mantener una continuidad entre anfitrión y simbionte, y, por eso, ambos prestaron sus voces para los personajes. Usamos un modulador de tono para [las voces de] Venom y Matanza.

¿Hay alguna tecnología en concreto que hayáis usado estos últimos años, o que hayáis desarrollado específicamente para Venom, que haya facilitado el proceso de combinar personajes digitales con actores o platós?

No usamos captura de movimientos. Teníamos un punto de referencia, un tío muy alto que interpreta a Venom y que atravesaba el techo cada vez que se ponía de pie. Esa era nuestra referencia para la iluminación. Una de las cosas que más nos importaba conseguir era la integración de los personajes [en el mundo]. Gráficamente, son únicos, ya que parecen una especie de dibujos animados. Al fin y al cabo, son personajes de cómics. En este aspecto, hubo dos personas que tuvieron mucho que ver: Bob Richardson, director de fotografía, un verdadero maestro de lo suyo que ha ganado tres Óscar a mejor fotografía y mejores efectos visuales. Y Sheena Duggal, directora de efectos visuales.

Por ejemplo, para un personaje como Matanza, que es de un intenso y brillante color rojo, era muy importante acertar con el tono. Pero no puedes tener un color tan saturado sin aumentar la saturación de la película. Así que se podría decir que el color de Matanza es el que define toda la película. Notaréis que los colores están mucho más saturados en ella. No es solo influencia de un personaje creado por ordenador; es así en la realidad. Nos interesaba que pareciera real, como si los estuviéramos grabando. Eso era más importante que conseguir que todo estuviera perfectamente encuadrado.

Esta no es la primera vez que participas en la adaptación de un personaje de un libro a la pantalla. ¿Has vuelto a sentir el peso de las expectativas?

Por supuesto. Es algo que siempre está ahí. Las expectativas son muy altas. La gente les tiene mucho cariño a estos personajes, y todos tienen su propia opinión. Quieren que la versión que aparezca en la gran pantalla sea la misma que ellos llevan años teniendo en la cabeza. Imagina un diagrama de Venn con 1000 versiones diferentes de un personaje y todas convergen en el medio, pero, después, cada persona tiene su propia versión. Creo que hemos conseguido ser bastante fieles. Después, también hay que tener en cuenta el punto de oscuridad y de violencia de la película, si debería calificarse como película para adultos o si no. Hay una versión en la que sería razonable. Podríamos haber tomado ese camino, pero creamos estas historias para la mayor audiencia posible. Creo que hemos ido todo lo lejos que hemos podido para no terminar haciendo una película sensacionalista, excesivamente sangrienta o llena de violencia gratuita. Lo llevamos al límite.

¿Cuáles crees tú que son los rasgos esenciales que cualquier persona que trabaje con Venom debería tener en cuenta?

Hay dos cosas: por un lado, están las cualidades físicas Y, por otro, todo aquello que constituye la relación entre Eddie Brock y Venom. Eddie Brock es un verdadero antihéroe. Tiene defectos, es un egoísta y un narcisista. Miente constantemente, tanto a sí mismo como a los demás. Mientras que, Venom, quien acaba de aterrizar en el planeta, ha encontrado al anfitrión perfecto. En él se ve una honestidad casi inocente. Es abierto. No tiene filtros. Y tiene algo que hace que resulte atractivo. Sí, arranca cabezas a bocados, pero no es una elección: es su dieta. En cierto sentido, no hay ningún juicio de valor en él.

Creo que es capaz de sentir ira y hostilidad, una violencia fuera de lugar. Pero, en conjunto, es un modelo de sinceridad. Y, en nuestra película, la relación entre ambos tiene una especie de elemento cómico que es maravilloso. Es muy complejo y un poco disfuncional, pero al mismo tiempo, no pueden vivir el uno sin el otro. Y, en cierto modo, se quieren y disfrutan con lo que aporta cada uno. Esta historia es como tener un picor que no te puedes rascar durante mucho tiempo. Los dos viven en un piso pequeño y se sacan de quicio mutuamente. Creo que es algo con lo que la gente que ha estado en cuarentena se puede sentir identificada. La situación ha llegado a su límite, pero, en el fondo, saben que lo que uno le aporta al otro es más importante que lo que no.

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